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jueves, 19 de julio de 2012

Tejeduría

Mi bisabuela paterna, Audelina, autóctona de esta tierra, murió con 104 años, entre todas las cosas maravillosas que hacía, tejía, pero TEJÍA, hilaba su propia lana, la teñía, y luego la tejía.
Cuando yo era chica la veía allá en Córdoba, sentada abajo de los pinos, con su huso girando como un trompito, hilando, esto es lo único que recuerdo yo, pero mi papá se acuerda cuando teñia, y cuando tejía con el telar de palo.
Esta manta que todavía está en la casa de mi mamá, la tejió íntegramente ella, en un telar de palo, awanakuna, se llama en quechua.












miércoles, 18 de julio de 2012

Tejeduría Wichí

La mujer va al monte y le pide permiso para caminar 4 o 5 km sigilosamente, en silencio, buscando la planta chutsáj (chaguar) también otras variedades, para hacer hilo. Encuentra un lugar donde hay unas bien grandes. Todos su contorno es espinoso, como anzuelos. Junta una cantidad , hace un atado y lo lleva a su casa. Sostiene un extremo con el pie y el otro con sus manos para comenzar a sacarle la fibra. Golpea, lava y seca la materia obtenida. Hace el hilo poco a poco. Todo es una ceremonia, un saber tan antiguo como el tiempo hecho rito de género. Luego va de vuelta al monte a buscar semilla, cáscaras, resina, para hacer tinturas. No cuenta los puntos. Solamente sueña el diseño y lo teje directamente. Termina en un bolso o morral que lleva una sola costura.




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