viernes, 9 de marzo de 2012

Colón


Diario de viaje de Colón
“Porque nos tuviesen mucha amistad, porque me di cuenta que eran gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe Católica con amor y no por la fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían en el pescuezo, y otras muchas cosas de poco valor, con que se pusieron contentos
[...] (los indios) después venían nadando a las barcas donde estábamos y traían papagayos e hilos de algodón que entregaban a cambio de cualquier cosa que se les diera. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo [...] Yo estaba atento y trataba de averiguar si traían oro.
[...] Ellos andan todos desnudos, y también las mujeres. Y todos los que yo vi eran todos jóvenes, ninguno de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballos, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. [...] Ellos son del color de los canarios, ni negros ni blancos, y se pintan de blanco, y de colorado y se pintan las caras, y todo el cuerpo, y solo los ojos, y solo la nariz.
Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen fierro alguno. Ellos todos son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos.”
Cristóbal Colón, Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, fragmento adaptado de Cronistas de Indias, Antología, Buenos Aires, Colihue, 1994.

Cinco años Igual

Soledad sobre ruinas,
sangre en el trigo
rojo y amarillo,
manantial del veneno
escudo heridas,
cinco siglos igual.

Libertad sin galope,
banderas rotas
soberbia y mentiras,
medallas de oro y plata
contra esperanza,
cinco siglos igual.

En esta parte de la tierra

la historia se cayó
...como se caen las piedras
aun las que tocan el cielo
o están cerca del sol
o están cerca del sol.

Desamor desencuentro,
perdón y olvido
cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores
infancias pobres,
cinco siglos igual.

Lealtad sobre tumbas,
piedra sagrada
Dios no alcanzó a llorar,
sueño largo del mal
hijos de nadie, cinco siglos igual.
Muerte contra la vida,
gloria de un pueblo desaparecido
es comienzo, es final
leyenda perdida,
cinco siglos igual.
Es tinieblas con flores,
revoluciones
y aunque muchos no están,
nunca nadie pensó besarte los pies,
cinco siglos igual.

Dale tu mano al indio
Dale tu mano al indio, dale que te hará bien
encontrarás el camino como ayer yo lo encontré,
dale tu mano al indio, dale que te hará bien
te mojará el sudor santo de la lucha y el deber,
la piel del indio te enseñará, todas las sendas que habrás de andar, manos de cobre te mostrarán, toda la sangre que has de dejar.

Dale tu mano al indio, dale que te hará bien
encontrarás el camino como ayer yo lo encontré,
es el tiempo del cobre, mestizo, grito y fusil
si no se abren las puertas, el pueblo las ha de abrir,
América está gritando, el siglo se vuelve azul
pampas, ríos y montañas liberan su propia luz,
la copla no tiene dueños, patrones no más mandar
la guitarra Americana peleando aprendió a cantar
dale tu mano al indio, dale que te hará bien.
DANIEL VIGLIETTI

Un 12 de octubre de hace más de quinientos años, Cristóbal Colón llegó a las tierras de este continente. Así comienza la historia de una conquista que cambió para siempre el destino de aquellos que vivían aquí. Desde hace mucho tiempo el Día de la Raza es cuestionado, porque en realidad ya no podemos conformarnos con lo que nos dijeron nuestros maestros y los libros de historia, que por muchas razones que seguramente fueron importantes y valederas en su momento, nos dieron una imagen errónea de ese suceso. Según esa imagen, los habitantes de América de ese entonces aceptaron sin resistencia toda la cultura, las ideas, la religión y el sistema de vida de los europeos. Pero no fue así. La realidad es que en este lugar había tribus de aborígenes que tenían su propia civilización, y fue tan trascendental que miles de historiadores no lograron borrarla aunque no la mencionaran ni siquiera en una de sus páginas. La huella de esas familias quedó en el aire, en las ruinas, en el recuerdo de los que quedaron, en la sangre.
Reflexión de los docentes de la Escuela Primaria N° 250 Pcia. de Neuquén

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