domingo, 5 de agosto de 2012

Derechos del Niño en lengua Mapuche

Pichi che ñi mupitumDerechos del Niño en lengua Mapuche 

1. Ichrocom, pichi que zomo ca pichique huenchru, nieiñ chruftuque mupin que che zungun ca feli ñi che chroqui ngueal.
Todos, niños y niñas, tenemos los mismos derechos y deben ser respetados.




2. Cüme chremam ca cüme chremo mongueal, feli ñi cüme zapi ngueal.
Para crecer y desarrollarme en forma saludable, necesito cuidados


3. Nien mupitun quiñe gühui ngueal ca quiñe nguen mapu ngueal.
Tengo derecho a un nombre y a una nacionalidad


4. Nien mupitun ñi incpengueal ñi chremonguen ponui püchra ñi ñuque meu ca ñi cüme iltu ngueal, ruca, aucatun ca ñi cüme zapi nieateu pu za che fe.
Tengo derecho a que sea protegida mi salud desde la pancita de mi mamá y a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados.


5. Pichique zomo ca pichique huenchru, felihin nieal chrurtu que zungu mülele quiñeque caqueume zungun taiñ calül meu, raquizuam meu cam lofqueche meu, feli ñi cüme elngueam cümeque fill zapitun.
Niños y niñas debemos tener igualdad de oportunidades. Si alguno de nosotros tiene dificultades físicas, mentales o sociales, debe recibir la atención y cuidados especiales que necesita.


6. Ñi cüme chremam zuampe nieihien cümeque incañpen tañi mongueiel meu, lofqueche mapu meu ca nguenque amulzungufe meu.
Para crecer bien necesito amor y protección de mi familia, de la comunidad y de las instituciones.


7. Cüpa aucantuquen, chrecacantuquen ca ñi amual quimel hue meu feli tañi quellu niengueal.
Me gusta jugar, pasear e ir a la escuela. Necesito que me ayuden a lograrlo.


8. Chem huesha que zungur’rume mülele feli mai tañi une ñi incañpengueal.
En toda circunstancia debo ser el primero en recibir protección y socorro


9. Incañpe niengueal comque chrana cunun neu, auhucan meu, ngünecan meu cam canguequechi chroquin ñi iñfitu ngueal monguen meu.
Debo ser protegido contra toda forma de abandono, maltrato, explotación o práctica que perjudique mi desarrollo.


10. Cüpa monguen quiñe huall tue que mapu meu cüme felen meu ca quellual.
Necesito vivir en un mundo en paz y puedo ayudar a construirlo




Fuente: Tomado del muro de Tahiel Aukan Newen 

viernes, 3 de agosto de 2012

Colón y la ambición por la búsqueda de oro

"Hacia el siglo XV, en la Europa central, no resultaba nada extraño leer y escuchar historias de viajes y tierras lejanas, que se aparecerían en los confines o emergiendo por debajo de los océanos. Quizá uno de los más emblemáticos fuera la novela de Dante, La Divina Comedia, donde se presentaba al mítico Ulises, lanzándose a su último viaje, movido por un deseo de “experiencia de todas las tierras que sean y de la naturaleza del hombre, buena o mala”. 

Fue en aquel contexto que Cristóbal Colón se aventuró por primera vez a través del océano Atlántico, en un viaje de 32 días, bajo la guía de Dios, las estrellas, los cielos, los vientos, las corrientes y de una pequeña brújula y un astrolabio, sin saber que su llegada a tierra firme cambiaría el mundo para siempre. Mientras los portugueses ya habían explorado las costas africanas y los ingleses, las del actual Canadá, Colón había ofrecido a los reyes católicos, Fernando e Isabel, de la corona de Castilla y Aragón, alcanzar las costas de Asia a través de Occidente, ofreciéndoles una venturosa campaña comercial. Tanto creía en su destino, que durante casi una década no claudicó en sus intentos por convencer a los reyes de que lo apoyaran en su expedición. 

No le faltaban elementos: era un gran conocedor de la técnica náutica y de la geografía, aunque todavía una gran mayoría creyera que la tierra era plana. Pero a comienzos de abril de 1492, finalmente, cuando Colón se marchaba una vez más cabizbajo de Madrid, lo alcanzaron dos judíos aragoneses que confiaban en su plan y lograron convencer a la reina Isabel de apoyar la expedición. El 17 de abril se firmó una capitulación, nombrándose al genovés almirante, virrey y gobernador, de todas las islas y tierras firmes que descubriese o ganase. 

Pronto, Colón logró que sus financistas y asesores reunieran tres naves, la Santa María, propiedad de Juan de la Cosa; la Pinta, de Gómez Rascón y Cristóbal Quintero; y La Niña, de los hermanos Niño. Colón tomó el mando de la primera y el 3 de agosto de 1492, las tres carabelas desplegaron velas en el puerto de Palos. 

Se iniciaba así una oscura era para los habitantes de las tierras “descubiertas”, que serían esclavizados y diezmados. La ambición por la obtención de oro no tenía límites como se evidencia en el fragmento que a continuación transcribimos en donde un biógrafo de Colón se refiere a la práctica del almirante de cortarles las manos a los indígenas que no conseguían el precioso metal." 

Fuente: Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina, Buenos Aires, Editorial Norma, 2004, pág. 38. 

"Quien fuera el que inventara este espantoso sistema, como único método de producir oro (el de cortarles las manos a los que no consiguieran el precioso metal) para la exportación fue Colón. Aquellos que huyeron a las montañas fueron cazados con perros, y de los que escaparon se ocuparon el hambre y la enfermedad, mientras miles de criaturas en su desesperación tomaron veneno de mandioca para acabar con su miseria". 

Samuel Eliot Morison, biógrafo de Colón 

lunes, 30 de julio de 2012

Pachamama


En distintos puntos del noroeste del país la Madre Tierra es homenajeada con rituales ancestrales, ceremonias, danza, música y comidas especiales. 


La Pachamama, o Madre Tierra, es la diosa femenina de la tierra y la fertilidad, una divinidad agrícola benigna concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. En la tradición incaica, es la deidad de la agricultura comunal, fundamento de toda civilización y el Estado Andino. Es la más popular de las creencias mitológicas del ámbito incaico que aún sobrevive con fuerza en las provincias del noroeste argentino


El 1° de agosto es cuando se alimenta a la Pachamama, para lo cual se entierra una olla de barro con comida cocida, junto a hojas de coca, alcohol, vino, cigarros y chicha, entre otras cosas. También es costumbre que los festejantes usen cordones blancos y negros –atados en los tobillos, muñecas y cuello- confeccionados con lana de llama.



El rito supone que ese día debemos entregarle a la Madre Tierra todo lo que no quisiéramos que a nuestra familia le faltara durante el año y agradecerle por los favores recibidos durante el año pasado. Familias y vecinos se reúnen para abrir un pozo en la tierra, el cual será adornado con serpentina y papel picado. A continuación, se alimenta a la Tierra con maíz, quinoa, chalona, cordero, cabrito, distintas papas, habas, mazorcas, vino, cerveza, gaseosas, coca y otras comidas típicas. Luego se cierra el pozo con las manos y se le da de fumar.



Varias localidades del noroeste son sede de esta celebración. Entre ellas se destaca San Antonio de los Cobres, en Salta, donde desde 1995 se organiza la Fiesta Nacional de la Pachamama de los Pueblos Originarios.  Aquí la festividad incluye, además de la ceremonia central del entierro de ofrendas a las 15 hs., ferias artesanales, comidas de diferentes comunidades collas, festival de música y danza. Durante todo agosto, San Antonio de los Cobres cuenta con un circuito turístico para conocer el poblado, visitar el increíble Museo de Arqueología de Alta Montaña y asistir a otros rituales de la Pachamama. La vecina localidad de Los Toldos también invita a celebrar. 



Entre otras ciudades que se rinde tributo a la Madre Tierra se encuentra Laguna Blanca, en Catamarca. Allí se realizan las ofrendas y también hay competencias deportivas y juegos. En la misma provincia, en Santa María es otro lugar que se suma a los homenajes. 


Jujuy es un importante centro de adoración a la Pachamama. En toda la provincia se le rinde culto mediante la realización de una ceremonia milenaria, en la que se dan ofrendas a la tierra, de comidas, bebidas y hojas de coca. 


La celebración adquiere mayor relevancia en Purmamarca, Tumbaya, Valle Grande y en toda la Puna jujeña.

    
En Tucumán, la localidad de Amaicha del Valle en los Valles Calchaquíes, realiza su celebración a la Pachamama en febrero, mes del carnaval, pero a su vez se pliega a esta celebración en agosto. Además, es sede del Museo de la Pachamama.



Una de las herencias del imperio incaico en nuestras tierras, fue la adoración a la Madre Tierra, según Juan Alfonso Carrizo la denominación correcta es Mamapacha, ya que así se la denomina en el Perú. Mama: madre y Pacha: universo, mundo,  o lugar (recordemos que en quechua Tierra es ashpa o allpa) por lo tanto Pachamama sería la madre de la tierra, madre del lugar o madre del cerro. La deformación de Mamapacha se debió a la interpretación local del quechua (lengua no originaria de nuestras tierras) por parte del cacano, el lule o el tonocoté. 

Sin duda en todo el Noroeste Argentino esta celebración se hace para agradecer, pedir y bendecir los frutos que nos ofrenda la Madre Tierra; en algunas poblaciones el rito es más acentuado, pero en casi todos los casos esta veneración se acompaña también con ceremonias religiosas de profunda raigambre y de hondo sentir tradicional.  

Es poder de la Pachamama hacer crecer las cosechas,  el ganado, cuidar los animales silvestres y bendecir a los artesanos. Los festejos en su honor son los 1º de agosto, pero la celebración más conocida se realiza en el mes de febrero en Amaicha del Valle, localidad sita a 160 km al noroeste de Tucumán. 


Invocación para la siembra
Recogida por M. Anaya de Urquidi y difundida por el prof. Félix Coluccio en el Diccionario Folklórico Argentino



Khessua 

Pachamama llajtayoj, 

Upii, acullii sumaj mikhukhui 
Kai jallpha sumaj kanampaj 
Pachamama sumaj mama 
Kusilla, kusilla 
Allinta purichun yuntas 
Amataj saikhuchunjuchu 
Allinta muju phutuchun 
Amataj ima sajra kachunchu 
Amataj q’asa jappichunchu 
allintaj poq’ochun 
Q’anmantan mañakuiku 
Jinataj q’opuguaiku 
Kusilla, kusilla 



Pachamama de estos lugares 

Bebe, masca la coca y come a gusto esta ofrenda 

Para que sea buena esta tierra 
Pachamama buena madre 
¡Se propicia! ¡Se propicia! 
Haz que caminen bien los bueyes 
Y que no se cansen 
Haz que brote bien la semilla 
Que no le suceda nada malo, 
Que no le tome la helada, 
Que produzca buena cosecha 
A ti que te pedimos. 
Dánoslo todo 
¡Se propicia! ¡Se propicia! 




jueves, 26 de julio de 2012

Colón

Cuando Colón casi no cuenta el cuento
Por Felipe Pigna

La historia-poder gusta de educarnos en la obediencia, inculcándonos desde pequeñitos la idea madre de que las cosas siempre fueron así y así deberán seguir. “Pobres habrá siempre”, decía, en una interpretación recortada de los Evangelios, aquel presidente de triste memoria que se empecinaba en leer las inexistentes “obras completas de Sócrates”. Y decimos recortada porque en Marcos, 14:7, Jesús dice: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien”.
En este marco, una de las preocupaciones primarias fue que nos quedara muy claro que Colón descubrió América en 1492 y que a partir de aquel “venturoso” 12 de octubre, la superioridad, la religiosidad y la inteligencia de los españoles no tuvieron más que aflorar para que todos los pueblos que entraban en contacto con ellos los considerasen dioses dignos de sumisión. Se nos presenta a estas sociedades como zoológicas, hablándonos de sus “usos y costumbres” y no de su cultura, de sus “supersticiones” y “mitologías” y no de su religión. Se los calumnia cuando se los describe como poco afectos al trabajo y sólo se hace justicia cuando se los declara “ignorantes” del concepto de propiedad privada, aunque claro, para la historia oficial eso no es una virtud sino un defecto, entrando así en una de sus tantas y groseras contradicciones: se los cuestiona por no valorar su propiedad privada, a la vez que se avala groseramente el despojo salvaje cometido por los invasores contra las posesiones de los pueblos originarios, generalmente de carácter comunal. Ya sabemos que cuando ellos roban se llama conquista y ocupación del espacio, del desierto o expansión del área civilizada. En cambio, cuando los invadidos se defienden se trata de “malones” o “ataques a la civilización”. En conclusión, lo mejor que le podía pasar a esta gente era que muchachos de la “calidad humana” de Colón, Cortés, Pizarro y otros aventureros inescrupulosos la instruyeran en las virtudes de pertenecer al mundo occidental y cristiano, eso sí, como esclavos, sirvientes, encomendados o mitayos.
Pero la realidad se empecina en ser distinta, opuesta a esa versión que, aunque en decadencia, sigue vigente en la actual visión de la historia y la política difundida por las cadenas noticiosas estadounidenses, europeas y, lamentablemente, autóctonas. En ella los habitantes originarios no existen salvo como objeto de curiosidad, cuando son mirados como niños, como agentes del equilibrio ecológico, claramente ciudadanos de segunda. Para que este discurso actual se sustente hay que seguir sosteniendo, aunque modernizada formalmente, la vieja tesis de la conquista arrolladora y borrar de un plumazo los centenares de rebeliones que se produjeron en nuestro continente contra los invasores de todos los orígenes, desde la misma llegada de Colón. Son tantas, pero tantas, que sólo podemos por razones de espacio mencionar algunas. Con orgullo americano, podemos decir que, de 1492 a 1810, prácticamente no hubo un año en que no estallara alguna sublevación de los pueblos originarios; a los que se sumarían, a poco de que el mestizaje diera sus frutos, los criollos.
Estas rebeliones constituyen antecedentes insoslayables para reconstruir la historia de oposición al régimen colonial. La elite criolla que protagonizó el proceso revolucionario de Mayo contó entre sus filas con algunos hombres sensibles y conscientes del problema y de los reclamos indígenas. Ejemplo de ello fue Mariano Moreno, quien dedicó su primer escrito a denunciar la servidumbre a que eran sometidos, en su Disertación Jurídica. Sobre el servicio personal de los indios en general, y sobre el particular de Yanaconas y Mitarios, de 1802. También lo fueron Juan José Castelli, enviado por Moreno para dirigir la primera campaña al Alto Perú, cuando declaró, en Tiahuanaco, la libertad de los “indios”, el 25 de mayo de 1811, y José Artigas al integrarlos activamente en su movimiento de liberación.
Daremos sólo un ejemplo de aquella rebeldía.
El Día de Reyes de 1503, durante su cuarto viaje, Colón, su hermano Bartolomé, su hijo Fernando y 140 hombres estuvieron literalmente a punto de no contar el cuento. Una terrible tormenta obligó a los navegantes de la flota compuesta por la Capitana, la Gallega, la Vizcaína y la Santiago de Palos a refugiarse en la desembocadura del río Kiebra, que actualmente divide las provincias panameñas de Colón y Veraguas. Como era 6 de enero, Colón rebautizó a aquel hermoso río como Belén. Al desembarcar, según relatará el “cronista mayor de Indias y de Castilla”, Antonio de Herrera, encontraron oro que podía extraerse con gran facilidad: “En dos horas que allí se detuvieron cada uno cogió un poquillo [de oro] de entre las raíces de los árboles [...], juzgándose gran señal de la riqueza de aquella tierra sacar tanto oro en tan poco tiempo”.
La codicia hizo lo suyo y el Almirante pretendió fundar el pueblo de Santa María de Belén, pero no pudo. Aquellos eran los dominios de un cacique al que los europeos llamaron Quibián, quien no quería saber nada con usurpadores. Los hombres de Colón preguntaron a los naturales dónde estaba el cacique, a lo que les respondieron Kubien, lo que en lengua local significa “duerme”; pero los españoles malinterpretaron que ese era su nombre.
Bartolomé Colón, con 74 soldados, decidió atacar el poblado de Quibián y, atrapando a la mujer y los hijos del jefe, lograron que éste se entregara, lo maniataron y subieron a un bote a los prisioneros. A los pocos minutos de andar, Quibián se arrojó al agua desapareciendo de la vista de sus captores. A los pocos días reapareció el cacique al frente de sus más bravos guerreros, destrozó las casas levantadas por los españoles, matando a varios e hiriendo a otros, entre los que estaba el propio Bartolomé Colón.
El derrotado “descubridor” debió emprender la retirada como pudo el 16 de abril, fracasando de esta forma el primer intento colombino de fundar una población española en la Tierra Firme americana. Así lo confiesa en la relación de su cuarto viaje:
Asenté pueblo y di muchas dádivas al Quibián, que así llaman al señor de la tierra. Y bien sabía que no había de durar la concordia; ellos muy rústicos y nuestra gente muy importunos, y me aposesionaba en su término. Después que él vio las casas hechas y el tráfico tan vivo, acordó de las quemar y matarnos a todos.
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